Sociedad, privilegios y bombas

Sexismo, especismo, etarismo… Quizá no sean términos con quien la mayor parte de la gente esté identificada. Racismo, xenofobia… Son más habituales pero por seguro tampoco son términos analizados en profundidad en la mayoría de casos.

Las anarquistas, a día de hoy, podemos ser vistas como un grupo de “raras” que no hacen más que usar palabrejas terminadas siempre en -ismos y, probablemente, se nos pueda ver como tecnicistas prepotentes. En nuestros círculos, donde tenemos mayor afinidad ideológica y obviamos el entendimiento de estos conceptos, nos convertimos en habitantes de una dimensión paralela de la realidad donde hablamos, nos relacionamos, e intentamos entender las cosas de una manera completamente confrontada con las formas de hablar, relacionarnos y entender el mundo que tiene la sociedad en general.

Muy seguramente lleguemos a ser muchas veces “las pesadas” que ya están otra vez con eso del feminismo, el veganismo, y tantos -ismos… Cuestionándolo todo y sin dejar en paz a nadie ejercer sus privilegios como le venga en gana.

Sí, privilegios.

Cuando nos referimos al racismo o la xenofobia todas o casi todas entendemos que es algo negativo. La discriminación en función de algo tan arbitrario como los rasgos faciales, la procedencia, el color de piel, etc. Es algo completamente absurdo, sin base argumental alguna. Entendemos que debe ser una discriminación eliminada de nuestro entorno y nuestra vida cotidiana, y también que nosotras como personas que no hemos emigrado, o blancas, o ambas, tenemos una posición privilegiada con respecto a aquellas que sufren este tipo de discriminación, y estos privilegios hay que eliminarlos porque, como hemos dicho antes, son absurdos. Incluso yendo más allá podríamos llegar al análisis de que, ¿cómo voy a pretender que me dejen vivir en paz, hacer lo que quiera sin que me molesten ni molestar, si soy la primera que lo hago?

Entendemos pues, que vivimos en una sociedad de privilegios. Unas personas los ostentan y otras los sufren.

Cuando hablamos de sexismo o de especismo la situación es bien distinta. Nos encontramos con el rechazo frontal y firme, muchas veces cerrado al diálogo.

¿Qué tiene el sexismo que pueda molestar tanto la afirmación de su existencia?

Nosotras entendemos, como no puede ser de otra manera, que el sexismo es, en base, una discriminación arbitraria basada en parámetros culturales exactamente de la misma manera que lo es el racismo o la xenofobia. Ni un extranjero viene a robarnos el trabajo ni una persona a la que la sociedad le ha asignado el género de mujer está para hacerle la comida a “su hombre”.

Sin embargo, hay una diferencia sustancial en el entendimiento colectivo de las dos discriminaciones, y esa diferencia se basa en los privilegios propiamente dichos. Más fácil resulta que la gente de un estado concreto quiera renunciar a sus privilegios sobre quienes inmigran a ese estado, que el hecho de que todos los hombres vayan a renunciar a una posición de superioridad constante y altamente beneficiosa, incluso más que en el caso de las personas extranjeras, ya que los privilegios que un hombre ostenta sobre una mujer éste los aprovecha desde que se levanta hasta que se acuesta y los vive hasta los más íntimos límites. Cuidados y servidumbre de la mujer frente a la liberación para el hombre de cualquier responsabilidad y la posición de poder permanente.

Así bien, se entiende que las zonas de confort cuanto más grandes más difíciles de eliminar.

Entendemos el sexismo como una discriminación más a eliminar y los privilegios que se generan de esas posiciones de superioridad otros privilegios más a destruir. Llegamos a la conclusión de que en realidad, cuando ejercemos nuestros privilegios, nos subimos a una posición de superioridad y de acumulación de poder frente a las no privilegiadas, y esto se traduce precisamente en que en lugar de tratarlas y considerarlas de iguales las tratamos como cosas sobre las que podemos decidir y que no tienen el mismo valor que nosotros.

Si hasta aquí estamos de acuerdo, ahora viene la peor parte. El especismo es la gran tontería hippie, insana y antinatural que sólo a las anarquistas más idas de la cabeza se les podría haber ocurrido.

El especismo, esa discriminación arbitraria, basada en la especie del individuo al que sólo por ser diferente se le trata como un objeto del que se puede disponer y del que, de hecho, se dispone para generar innumerables beneficios en todos los ámbitos de nuestra vida (comida, tracción, entretenimiento, etc.), esa discriminación que nos posiciona en una situación de privilegio constante, de dominio de los espacios públicos frente al resto de animales, de justificación de cualquier método de castigo para obligarles a cumplir órdenes que no usaríamos con, ni siquiera, las también discriminadas mujeres o personas negras. Esa discriminación.

El especismo se nos presenta como el incómodo recordatorio de que tenemos esclavos. Privilegios que van tan lejos como para permitir, justificar y ser cómplices de industrias enteras dedicadas a la tortura y exterminio de animales. Nos posicionamos tan por encima que nos permitimos aplicar la cadena perpetua para la gran mayoría de ellos sin siquiera pestañear.

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Las anarquistas, esas “raras” que quieren muertos los privilegios. Muerta la acumulación de poder que los sustenta. Y bombas en las zonas de confort.

Juventudes Libertarias de Málaga.

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